Donde las lágrimas se convirtieron en gas.

Me he quedado impresionado y sorprendido con ese lanzamiento valiente y mediático en forma de gas lacrimógeno en un estadio de fútbol español de primera división. Ver como un estadio repleto de gente se vacía, es algo digno de ver en estos tiempos necesitados de calles repletas y barricadas ardientes. Desconozco los motivos reales a tal hazaña, seguramente será propio del hooliganismo de tradición inglesa tan arraigado en nuestras tierras, pero solo pensar, por un momento, en que esto a sido un severo toque de atención a la población del país debido al robo que estamos sufriendo, me llena de satisfacción y me deja con ganas de ir a más. Toda paciencia tiene un límite y el echo de que el bote de gas sea un modelo de uso militar no deja de ser algo significativo. El héroe anónimo, seguramente tildado en los medios oficiales de “energúmeno” tendrá sus motivos para tal manifestación humeante y mas si el susodicho es militar, civil o simplemente persona común con sus derechos injustamente vapuleados. Antes de que el peso de la ley caiga encima de nuestro anónimo héroe y se sepa con más veracidad los motivos reales de su paso al “prime time” televisivo, seguiré pensando en éste acto de rebeldía como la consecuencia directa de la estafa mas severa que están sufriendo millones de personas de todo el mundo  en los últimos cincuenta años.

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La voz de Chet Baker

Voy a reproducir aquí de manera literal y sin desvíos, una critica voraz, brutal y sin medida a la manera de cantar de Chet Baker, cuando este empezó a maridar sus cuerdas vocales para el gran público de los años cincuenta. El escrito apareció en la revista “Metronome” y fue escrito por Mimi Clar. No puedo aclarar el año exacto de tal reprimenda.

   Criticar el “modo de cantar” de Baker es tan injusto como hablar de la falta de coordinación de un bebé de cuatro meses porqué no sabe andar. ¿Cómo se puede hablar críticamente de una voz anémica que suena como un búho borracho intentando dar notas altas que están fuera de su alcance… y que queda la distancia del colmillo de un mastodonte de la edad del hielo de las notas que pretendía dar?… Un músico que hiciera con su instrumento algo equivalente a los graznidos de Baker no duraría ni dos minutos en el escenario, y mucho menos se le permitiría grabar.

Fuente: “Deep in a dream” de James Gavin

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